martes, 9 de septiembre de 2014

Cómo "armar" un recuerdo


Alejandro, al despertar al sábado en la mañana, un poco agripado, su mente y concentración estaban fijas en el juego de fútbol que disputaría ese mismo día en la tarde, en el cual era de vital importancia conseguir una victoria. En lo único que pensaba era en la hora del compromiso, para así poder dar lo mejor de sí y contribuir enormemente al triunfo de su equipo, cumpliendo el objetivo propuesto días atrás de lograr los tan anhelados tres (3) puntos, para asegurarse más aun en la clasificación de la liga antioqueña de fútbol.

Al transcurrir la mañana, la ansiedad por jugar ese partido de fútbol comenzaba  a emerger de él, por el simple hecho de ver videos de su intérprete futbolístico favorito. Al caer la tarde, se aproximaba la hora del encuentro y al llegar al lugar de concentración destinado por el entrenador, su concentración estaba en su punto más alto y nada más podía pensar en el momento de iniciación del compromiso, el cual se disputaría en la unidad deportiva Atanasio Girardot, Marte N° dos (2), a las 2:00 pm.

Llega la charla técnica y la alineación, su nombre estaba en los once (11) inicialistas, su mente se despeja, la alegría lo aborda, estaba muy seguro de una buena participación por su parte en el campo de juego; en el entrenamiento previo al compromiso, su ansiedad se calma un poco gracias a la dinámica y diversión que se producía con sus compañeros de equipo antes del tan anhelado encuentro. Salen al campo de juego los dos (2) equipos, el rival porta un uniforme verde, mientras que el uniforme del equipo donde participa Alejandro era de color blanco, minutos después se entona el silbido del pito del árbitro dando por iniciado el encuentro, donde se podía apreciar una buena dinámica en el partido y se presentaban aproximaciones y ocasiones de gol para ambos lados pero aun así no se habría el marcador, seguía cero a cero (0 – 0).

Transcurridos alrededor de 30 minutos del encuentro, se presenta un tiro de esquina a favor del equipo vestido de blanco, Alejandro; como era habitual esperaba o se aposentaba un poco más lejos de la área grande de portería, esperando siempre el rebote producido por el lanzamiento. Se cobra el tiro de esquina, un defensa rival rechaza el balón, Alejandro observa como el esférico se acercaba a él, su respiración se puso más agitada de lo habitual y en su visión solo estaba la corta distancia que había entre él, el balón y la portería pero en su mente esa pequeña distancia se volvía inmensa, un millar sin fin, y cuando volvió la mirada al balón lo sintió muy cerca, su instinto lo llevo a levantar su pie izquierdo y con su guayo, (que por cierto estaban nuevos) disparo de meda-volea logrando hacer que el esférico se eleve y a medida que viajaba por los aires el suspenso se apoderaba de todos los presentes allí en la marte N° 2, el balón se aproxima a la portería y varias personas que disfrutaban del encuentro daban un grito de gol, y cuando por fin el balón traspaso la línea de gol, la alegría lo agobia, agitaba con fuerzas el número que colgaba en sus espaldas aquel número diez y seis (16). El cantico del gol se escucha por todos los alrededores y sus compañeros de equipo, en un acto intuitivo corren rápidamente a abrazarlo, a festejar el gol, el gol que esperaban desde el inicio del encuentro porque sabían que ese gol les podría dar la victoria, esa victoria que los pondría más tranquilos en la clasificación de la liga.

En una semana:


Media-volea:

 





Un primer gol